16.6.09

Laberinto I

. Él es así. Una sombra enorme con perfume a mar y a esas cosas inconmensurables que me presionan el pecho hasta llorarme sobre la cara. Entre las palabras de siempre, existe esa oscuridad espesa, esa blancura antártica que salpica las tardes plácidas de la más honda desesperación.
. Yo beso los filamentos de su sombra, y ella me arrulla como harapos del Destino. Pero ojo. Que este poema se pone trágico, así, enreda sus pies en el pathos y esas muchas palabras robadas del museo romántico.
. Ojo, el poema se pone dramático, porque así es él, así lo pedí, se lo pedí a Quién y ella lo amasó con un color terrible y espeso, con sombras y sangre, sombra que beso, harapos del Destino.
. Este poema se pone circular, porque así es él, terrible y fatídico, hermoso y abrazado al peso de la maldición. Así somos. Quién nos sopla el cuello y nos dicta el futuro.
. Él mientras tanto -y no lo sabe- es una sombra, una manta de brazós larguísimos que me arrulla en silencio tenso del Destino...

24.5.09

Desobedecíme y heme aquí

Seis días deshilando este poema de mierda para que sea menos que un minuto de las palabras correctas.


Rompí el silencio de nuestra soledad vidriada-
la intimidad se llenó de nombres.
Me tocaban la piel con el impudor del salvaje
con chocolate en las manos
con manos en las manos
los nombres.

Abrí la pared sagrada del nosotros
y la cara se me llenó de viento
de ojos que miran enorme sin querer moverse de su violencia
Se paran ahí y no se mueven
del grito silencioso y sus contornos de hielo.
Sus contornos de celo.

Ahora digo nosotros y nadie sabe si cabe adentro de esa espada.
O no cabe
O si existe algo como un espacio en mi boca.

A puro beso
apagué la mayúscula de Levinás

que no- (dedicado al Sr. Panzón aunque ya lo sabe)

La vuelta a mi cuerpo se hace difícil.
El viento me arrastra en rueditas por todos los túneles.
Por eso te miro fuerte para agarrarne de tu luz leve
y volver de lo más prfundo del tiempo hasta la piel.

Ey, tus manos me recuerdan
-en su errancia circular sabor de noche-
cuánto existo más allá de la cara
en la zona indómita que el invierno esconde.

Me das luz. Sí. Tu mano sobre mi pierna también es yo
también es nosotros también es Amor
El perfume inconfundible de tu cercanía
también es un hilo de la vida que destejo.

Y vuelvo a aprender después de la tormenta
a necesitar los versos para hablarte-
Aprendo de nuevo la torpeza impune
de quien escribe en la convulsa necesidad.


Si vieras que esto fue de puño y letra.

10.5.09

Biografía

Soy mucho más que un cuerpo eligiendo su Destino.

Soy todas esas palabras que van a precipitarse como un ala de agua con sal para amortiguar la caída del vencido. Aun si el vencido tiene mi nombre y mi rostro.

Soy un eco del pasado que tartamudea para no definir el veredicto.

Soy todas las veces antes y después que di el tiro de gracia, soy tantas veces lo mismo, que a veces me tropiezo con mis propios cuerpos.

Soy bastante menos que una libertad eligiendo el Destino.

Hija de las cenizas de un pájaro suicida, mi nombre es angustia, mi color es el olvido. Aunque teja mi cuerpo una y otra vez; por la noche alguien suelta los puntos.

Soy el vaticinio de un nuevo fracaso. Y de su blanda justificación: en cualquier escuadrón, se pierden hombres en todas las batallas.

Los años que pasaron se me apoyan en el hombro para decirme en secreto: elegí así
o será la muerte.

9.5.09

Todas las noches pierdo un poema.

Todas las noches en que el cuerpo hecho de día me agarra en brazos y me lleva hasta la cama, pienso un poema. Pleno, laico, asombroso. El placer siempre viejo de empalabrar la vida.

Todas las noches llevo al plenario corporal la pregunta clave: ¿Me levanto a escribirlo?
Los pies dicen que no.
La espalda dice que no.
La voz dice que no.
El sueño (a esta altura ya es una parte más de mí) opina que no.
La decisión orgánica es siempre la misma. La memoria garantiza sostenerlo hasta que estemos en condiciones. Pero se pierde en la burocracia del inconsciente. Y mis manos se resignan a escribir esta protesta

que es, sin más, un monumento homenaje a tanta palabra borrada, a tanto cuerpo arrojado al mar helado de la noche, a tantos seres de saliva y miel que se alejaron caminando el olvido.

22.4.09

Si se amucha, duele.
Si se amucha y estamos tirados en el pasto, y tu cabeza me hace sombra y viene como un meteorito a embestirme el silencio con la gigantescosidad demoledora del beso a las tres de la tarde,
duele.
Si se amucha y los segundos lo superponen una imagen sobre otra engrosando el peso sobre mi pecho, y no entiendo cómo la remera aguanta respirando el tamaño de esto que
duele
Sí se amucha y por qué, si tantos inciensos prendimos, tanto nos hincamos imaginariamente frente a dioses imaginarios, y rezamos que por favor existieran, dioses, para que por favor nos hicieran el favor de que no nos quisiéramos tanto.
Nos amáramos tanto. Amar amarrados en el mar de pasto que nos detiene siendo una isla. Nos detiene y los segundos son de viento. Ahí se van. Allá va la vida, mirá. Se escapa con el vestido blanco y recién planchado. Mientras acá esto se amucha y
duele.

Sí, duele. Pero duele bien. De esos amontonamientos blandos, ovillos de flores de sangre caliente y ojos lacios. Que duele porque no entran. Y nos amarra con nudos gigantes al mar, isla somos, mientras la vida se marea y nos amenaza con devorarnos.
Duele porque la muerte existe, si ya sé, pero más que afuera y más que siempre. Existe porque tiene más dientes, y porque las ganas de arruinar todo se le escapan en anillos de humo gris cuando pasa por el lado y nos mira.
Yo para vengarme no le pongo más nombres.

Y acá se amucha y duele
en el pecho, esta trinchera que nunca se abandona. Se amontona como muchedumbre encendida de palabrísimas enormes, enredadas, inquietas, amarradas al mar. El beso es la isla. El beso redondo y rojo de las tres de la tarde y tu sombra cercando mi asombro.
Somos la isla que persiste en la distancia. Ovillos de flores muy tibias crecen acá dentro. Se amucha y duele. Duele mucho. Pero duele bien.

14.4.09

(...)

extrañarte es un lujo
entre este puzzle de carencias vivaces
un lugar donde esconderme de la absurda lucha contra el todo
el todo líquido y pegajoso que a veces no tiene ni nombre
extrañarte es como un poema caminando por la calle
entre los autos groseros el humo las luces fritando la noche
y yo envuelta en hojas de cuento lloro porque sí
y porque el perfume de tus brazos

extrañarte hace a la vida tan extraña
como dibujada por un romántico tristongo
que ni siquiera sabe escribirte bien un poema
ya ves
te extraño y desespero de despalabra
porque todo es ausencia
el tiempo que se parece al horizonte
deja su beso estampado en las mangas de la muerte peregrina
y yo te extraño por todas las veces que me quedé dormida
estando tu cuerpo tan cerca.

30.3.09

L.

La mirada te alcanza, tantea hasta encontrar el centro hirviente, gira la llave, la cerradura hace track.
Entro.
El mundo se quita la máscara y vos no entendés
por qué mis ojos florecen llueven agua aletean y no se van de tu cuerpo.
Dentro de las alacenas y sobre la mesa, de cada taza salen brotes que pronto serán grandes flores rojas y frondosas.
El mundo desprende los botones y deja caer el lienzo al suelo.
En el aire gravita el silencio -me besa la lengua hasta la garganta hasta adentro cierra los pulmones y pone un sello de cera con una insignia antigua.
Vos no te animás a preguntar
por qué mis pestañas muerden despacio a la sombra milenaria de la tradecita.
El mundo está desnudo porque es otoño y vos sos la puerta hacia el secreto
El frío de las baldosas destila luz enlanzándose en mis huesos. Hienden mis pies. Por ahí respiro.
No te lo digo para que no te pongas nervioso, pero las mariposas son cada vez más enormes, me da cosa escucharlas respirar.
Sobre el piso serpentean las cintas para el pelo. Mientras tu cuerpo paralizado dubita entre huír o abrazarme para que no te mire más.

Por favor no te vayas. La fauna prolifera. Pero prometo cerrar los ojos antes de que la desnudez del mundo apoye su dedo blanco en nuestra carne espantada.

Excursus

Manuel te soñé
Vi tu cabeza volar despegándose del cuerpo volar en un arco inmenso desde la vida hasta el suelo sin retorno.
Vi el barrio-ciudad arder bajo gigantescas lenguas de fuego la única forma de purgar el diabolismo de tu cabeza volando. Pensé en los chicos.
Vi renacer la vida ahí donde no debió haber más que cenizas y a tu cabeza tirada todavía como si el guionista del sueño la hubiera protegido para el horror de mis ojos otra vez.
Manuel te soñé. Tenías el pelo largo como cuando te conocí, pero los rulos no te tocaban el hombro. Y no sé si era por mi culpa o más o menos.

Creo que fue la venganza de Palas Atenea porque la otra noche mientras dormía volví a arrojarla de la cama.