Algún día te voy a comer.
Es decir, voy a abrir la boca mucho y en medio de la respiración te voy a tragar
y te voy a entender, todo completo, ni una gota del magma espeso que nos sos se va a escapar. Y voy a tener en la lengua el sabor unívoco que la academia se empecina en desexistir, voy a saber
si es ácida o es dulce la suma de todas las cosas que llevás inscriptas en tu nombre, la púa de metal, el humo en la terraza, el pizarrón escrito que me dan ganas de aghhh-
también me lo voy a comer, y voy a saber cómo sabe, si es trilce o salado, tu nombre, tus todas las palabras que en vez de oscilar en la hoja me saltan al cuello y antes que pueda verlas se han convertido en un beso. Voy a tener en la boca la síntesis de un viaje que nunca termina, hacia tus manos escribiendo, tu boca riéndose de toda esa inmensa porción del mundo que yo como una tonta trato de ordenar. En la boca todo eso, paseándolo por todas las papilas gustativas hasta que me digan si es tibio o helado, hasta que sepa, y entonces lo voy a decir.
Una palabra, aguda, homogénea, perfecta, va a saltar como la revelación, como la revolución, como el amor o todo aquello que en el imaginario sólo puede ser precedido por el silencio. Te voy a comer, algún día, y entonces te voy a decir por completo.
En ese momento estridente y magro, sólido, monumental, me voy a despertar. Y voy a correr a escribirte que soñé con vos, pero que no acuerdo qué.
306 - Psiteatro
Hace 37 minutos
